La Medina de Marrakech
Para los países de influencia árabe, la Medina es la parte más antigua de la ciudad, como así ocurre con Marrakech. En sus orígenes, la Medina de esta ciudad marroquí, la más extensa del país, fue un campamento militar y un mercado que, posteriomente, fue amurallada para defenderse de los ataques enemigos. El trazado de la actual muralla ha sido modificado y ampliado en sucesivas ocasiones por las distintas dinastías que han gobernado en la ciudad. La Medina tiene una extensión de 600 hectáreas y la muralla que la rodea, de 19 kilómetros de longitud, fue construida con una piedra muy escasa en la región, una especie de arcilla rojiza que el sol hace variar en tonalidades según el momento del día.
La Medina alberga la mayor parte de las atracciones turísticas de Marrakech, como la Plaza Djemaa el Fna, Patrimonio Oral de la Humanidad. Esta emblemática y singular plaza es el centro neurálgico de Marrakech y el punto de partida para visitar el resto de la ciudad. Ubicada a escasos metros de la conocida Mezquita Kutubía (uno de los monumentos más representativos de la ciudad y el más alto, con un alminar de 69 metros) y de otras menos relevantes, esta inmensa plaza alberga una ajetreada vida de día y de noche. Por el día alternan en ella distintos puestosen los que venden zumos y especias, con espectáculos tan llamativos como los que llevan a cabo algunos encantadores de serpientes, mientras que por la noche se llena de puestos de comida y restaurantes donde poder cenar a buen precio, así como de músicos improvisados que amenizan la velada de los turistas.
Al norte de esta céntrica plaza se encuentran los zocos, los famosos mercados árabes, uno de los mayores atractivos turísticos de la ciudad. El bullicio y la animación llenan las estrechas callejuelas de este inmenso bazar en el que se puede comprar la mayor oferta de productos, desde las típicas chilabas (túnicas tradicionales marroquíes) hasta productos frescos o artesanía local a buen oprecio, ya que la mayoría de compradores suele regatear.
Dentro de la Medina se hallan los famosos riads, el alojamiento típico de la ciudad. Cada uno tiene su propio carácter y personalidad y estos palacetes reconvertidos en casas de huéspedes con encanto cuentan con todo tipo de servicios, dependiendo de las necesidades y posibilidades de cada visitante.
Las Tumbas Saadíes es otro de los lugares emblemáticos de la medina de Marrakech. Descubiertas y abiertas al público hace casi un siglo, en 1917, estas tumbas datan de finales del siglo XVI y están localizadas en un jardín cerrado al que se accede a través de un pequeño pasillo. El edificio más importante de estas tumbas el mausoleo principal, de tres habitaciones, en el que está enterrado el sultán Ahmad al-Mansur y su familia. Dentro de las murallas tambiñén se encuentra la Medersa Ben Youssef, conocida como Madraza de Ben Youssef. Se trata de la medersa (una escuela musulmana de estudios superiores especializada en estudios religiosos) más importante de Marrakech. También merece una visita el Palacio de la Bahía, situado al sur de la Medina. De estilo islámico y marroquí y construido a finales del siglo XIX, este palacio que dispone de más de 150 habitaciones cuenta con unos inmensos jardines por los que vale la pena darse un agradable paseo.
Y, aunque no se puede visitar por dentro, el Palacio Real de Marrakech, ubicado a la salida de la Medina, es una de las joyas de la ciudad y uno de los grandes palacios de Marruecos, en el que la familia real suele recibir a las delegaciones que les visitan. Aunque el Palacio Real no está abierto al público, sí se pueden visitar los patios externos, por lo que es interesante acercarse a éstos y fotografiar el simbólico y regio edificio.
Si viaja con niños una buena oportunidad es alojarse en un hotel con parque acuático.
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